Querido hermano:
Ya han pasado varios meses desde tu partida y quiero decirte que ya no me siento tan perdida como antes, pero si te extraño como nunca... ¿Recuerdas este lugar? Creo que era uno de tus preferidos. A veces, cuando he vuelto a pisar esa cancha, he llegado a sentir que estás a mi lado y siento que estás feliz con tu sonrisa en la cara jugando fútbol con tus amigos.
En las tardes cuando tenía pena (algo que se hizo para mi un hábito) solía caminar sola por el verde pasto o por la larga calle que me llevaba hacia el cerro. Los dulces rayos de ese tibio sol que me acariciaba el pelo y las mejillas, me reconfortaba y me hacían sentir viva nuevamente.
Recuerdo esa polera blanca sin mangas que tanto te gustaba usar y que el verano pasado olvidaste en mi casa y nunca la viniste a buscar... esa misma está hoy en el primer cajón de mi mueble, pero hoy encontré unos pantalones que habian sido tuyos, eran de fútbol, papá los reconoció al verlos y dijo que te habian pertenecido a ti. Hermano ahora tengo dos cosas tuyas en mi poder para sentirte siempre cerca.
Querido hermano, a veces cuando lloro siento que llegas a secarme las lágrimas y decirme que todo pasará pronto y que el dolor se irá sin dejar heridas. Jamás entenderé el porque del adiós que nunca tuvimos, del abrazo que jamás nos dimos antes de no volver a verte.
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