La verdad es que existen las palabras para agradecerte todo lo que ayudaste este verano, pero no tengo idea de como empezar. Sé que estabas y estás pasando por momentos difíciles y aún así estuviste y estás para mi, para ayudarme y apoyarme. Te admiro por esa capacidad que tienes para sonreirle a la vida aunque no te sientas en el ánimo de hacerlo. Yo sé que el dolor se irá pronto y las cosas volverán a la normalidad en tu vida porque te lo mereces.
Siendo sincera una de las cosas que más extraño es quedarme dormida en tus piernas después del trabajo.
Fuiste una hermana cariñosa, una amiga incondicional y a veces hasta mamá conmigo. Te juro que jamás olvidaré una amistad como la que tu me diste en los tres meses que pasamos juntas. Estuve más contigo que con mi familia y pasaste a ser parte de ella. Y entre locuras y locuras sé que por ahí a mediados de año me reiré cuando recuerde las cosas que pasaron durante este verano.
Fue un verano distinto, pero uno lindo. No pasó por alto.
¿Qué mejor que esas parrilladas y chorrillanas con los amigos después del trabajo? ¿Qué mejor que un par de cervezas acompañándonos? ¿Qué mejor que los días de carnaval? ¿Qué mejor que el azufre se te quede impregnado en la piel?
Gracias por abrirte para esos abrazos que me hicieron falta y gracias por abrirme tu corazón.
Te quiero.

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