La verdad es que tengo muchas ganas de escribir esta entrada pero la belleza de este hombre no me lo permite, porque tengo los ojos pegados a la película.
Si me preguntan cual es una de mis partes favoritas de esta obra de Shakespeare, tendría que decir que no puedo elegir. Pero hay muchos fragmentos o líneas que sé de memoria y que repito con el actor cada vez que las escucho:
- ¿Qué luz es la que asoma por aquella ventana? ¡Es el Oriente! ¡Y Julieta es el sol! Amanece tú, sol, mata a la envidiosa luna. Está enferma, y cómo palidece de dolor, pues que tú, su doncella, en primor la aventajas. ¡No la sirvas ya más, que ella te envidia! Su manto de vestal es verde y enfermizo, lo propio de bufones. ¡Aléjalo de ti! ¡Es ella, sí, mi dama! ¡Es, ay, mi amor! ¡Si al menos ella lo supiera! Habla y no dice nada. Más, ¡qué importa! Lo hacen sus ojos, y he de responder. ¡Mi esperanza qué necia, pues no es a mí a quien habla! Dos estrellas del cielo entre las más hermosas han rogado a sus ojos que en su ausencia brillen en las esferas hasta su regreso. ¡Oh, si allí sus ojos estuvieran! ¡Y si habitaran su rostro las estrellas la luz de sus mejillas podría sonrojarlas como hace el sol con una llama! ¡Sus ojos en el cielo alumbrarían tanto los caminos del aire que hasta los pájaros cantaran ignorando la noche! Mirad cómo sostiene su mano la mejilla. ¡Fuera yo guante de esa mano, para poder acariciar su rostro!
(Sí, me sé todo eso)
- Aquí pondré mi descanso eterno y sacudiré el yugo de las estrellas infinitas quitándolo de esta carne harta del mundo. ¡Ojos mirad por última vez! ¡Brazos dad vuestro último abrazo! ¡Y vosotros, labios, puertas del aliento, sellad con legítimo beso una concesión sin término a la muerte rapaz!
Seguiré viendo la película.
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