domingo, 20 de enero de 2013

Lo verdadero es un momento de lo falso.

Hoy en día todo el mundo piensa como niños de cuatro años, no saben que la tele no es real. Porque la tele atonta, hipnotiza. La lectura, la radio, el periódico necesitan una interpretación, que el que lee o escuche decodifique lo que lee o imagine lo que escucha; pero con la televisión es diferente, la imagen equivale a la verdad, no hay tiempo para pensar, para abstraer, para reflexionar sobre el contenido.
Entiéndame, no creo que la alienación y el atontamiento sean una cualidad exclusiva de la televisión. La simplicidad de los mensajes, la selección premeditada de los temas, la pleitesía al orden establecido, el aborregamiento más absoluto..., eso lo ve usted en todos los putos medios de comunicación. Pero la tele tiene algunas cualidades que la hacen perfecta como sistema de control. la capacidad hipnótica, por ejemplo: encienda una tele en una sala, bar o espacio, y la acabará mirando enganchado. El periódico tiene una duración limitada, y la radio acaba aburriendo si uno no se pone a hacer otra cosa. Sí, se supone que nosotros intentábamos, desde la música, alimentar la capacidad crítica, cuestionar los fondos, las formas y hasta lo incuestionable. Pero es difícil, cuesta y resulta agotador. Lo bueno, y lo malo, es que no hay marcha atrás. El día que empiezas a insultar al telediario, que boicoteas CSI porque te descubres justificando la brutalidad policial y te das cuenta de que todas las muertas son chicas que salieron por la noche, se drogaron o follaron o enseñaron las tetas; el día que reniegas de las series nacionales porque no son más que costumbrismo cutre, arcaico, reaccionario y machista..., ese día, has dado un paso decisivo. La vida es, entonces, más amarga, más chunga a veces, pero mucho, mucho más real, más viva, si es que entiende lo que quiero decir.
Quiero decir que los medios en general destruyen la capacidad de pensar de forma abstracta, y así el sistema consigue lo que se quiere: la participación irreflexiva. Que todos seamos como ovejas que balan al son que el puto rebaño impone. Por eso es imposible una verdadera democracia, porque las decisiones políticas no las puede tomar una masa de niños de cuatro años.
Y por eso hay tantas anoréxicas ahora, porque en el mundo hiperreal las mujeres son muy delgadas. Y las chicas creen más en el mundo hiperreal que en el real, se fijan en las modelos, en las actrices, en las presentadoras, y así se ven gordas. Si se fijaran más en sus vecina o en su compañera de clase, la mitad de las tías que quieren adelgazar se darían cuenta de que ya están delgadas.

Fragmento de Lo verdadero es un momento de lo falso 
Romano Debord. (Lucía Etxeberría.) 

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