domingo, 11 de agosto de 2013

Continuidad.

Cada vez que el giraba a mirarla ella sentía como su corazón se agitaba, pero se hacía la desentendida y simulaba no darle importancia a lo que quería escapar de su boca, de su pecho y de su alma. Cada vez que el pestañeaba ella sentía como su mundo desaparecía y era volcado por un mar de sueños nuevos y promesas rotas que no tenían virtud.
Corrió en todas las direcciones sin encontrar el camino correcto, porque no había uno. Nada era como ella creyó que sería. Entonces recordó, recordó todo, todo.
Sintióse abatida por el dolor, por la angustia y el deseo. El deseo de recobrar una vida que no le pertenecía, ni a ella ni a alguien más. Cada musculo se tensó y las lágrimas no pararon de caer, bailaron y brincaron en sus mejillas rosadas.
Atrapada en un lugar oscuro y escondido dentro de sus recuerdos, cayó sobre sus rodillas y solo pudo llorar. Benditas lágrimas que curan el alma. Bendito llanto que te alivia y te seca por dentro. Bendito dolor. Bendito seas dolor.

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