Han pasado cosas raras, debo admitirlo.
Puedo mirarte a los ojos y ya no siento ganas de llorar.
Eso no quiere decir que no se me agita todo por dentro o que ya olvidé todo,
es solo que ahora tengo la valentía de aceptar el dolor.
Me gira todo, todo da vueltas, todo gira, todo gira y no se detiene.
En la vuelta sin fin de la vida, donde las vueltas y vueltas te hacen pensar
en lo pequeño que se vuelve el mundo en ciertas ocasiones.
En algún momento de mi vida decidí arrancar, decidí correr sin mirar atrás.
Decidí que todo lo que estaba haciendo era para mejor y no me detuve ante nada,
avancé y avancé, quedé sola, quedé desolada y sufriendo por no darme el tiempo de pensar bien las cosas, de no meditarlas y no sentirlas.
Me precipité al vacío y casi di el salto, el salto que jamás debí pensar en dar.
El amor me salvó.
Pero no el amor a otro ser humano.
Me salvó el amor a mi misma.
El amor que antes jamás logre sentir por mi misma, ese amor.
Te recuperé al perderme.
Ganas de vivir, ganas de sobrevivir.
Ganas de ser alguien a quien no le verías caer.
No por ti, no por él.
POR MI.
No hay comentarios:
Publicar un comentario